viernes, 2 de julio de 2010

23

Cuando uno se imagina un límite, sobretodo si es autoimpuesto, éste se muestra como una altísima muralla imposible de traspasar, además de que nuestra persona estaría infinitamente ofendida de siquiera pensar en hacerlo. Se imagina uno. Se imagina sin sospechar la mala fama que se le ha creado a la pobre rayita de gis pintada en algún triste pavimento, ya pisada mil veces, ya borrada otras mil por una ligera lluvia.

2 comentarios:

Æ dijo...

quize robarme algo para comer,
nada se me ocurre en esas circunstancias,
hoy pase por el circo de los hermanos "fuentes basca" y tu vomitaste,
mi cabello hoy no esta mal,
mi caballo hoy no esta enfermo.

Les Avalanches dijo...

Tú de un pedo atorado